Cómo afrontar la revolución tecnológica


Las tecnologías digitales llevan años transformando la economía mundial. Sin embargo, muchos países aún no han experimentado todos los beneficios de las tecnologías digitales para el desarrollo, como el crecimiento inclusivo y sostenible, la mejora de la gobernanza y la prestación de servicios que respondan a las necesidades. Dada la magnitud del cambio en la ventaja competitiva que las tecnologías digitales pueden conferir a los adoptantes, los riesgos de una adopción lenta o deficiente de estas innovaciones pueden ser nefastas para las industrias, los gobiernos, los individuos y las naciones. Así pues, ¿cómo pueden los responsables políticos aprovechar con éxito la revolución digital para el desarrollo?

A partir de mi larga experiencia en asistencia para el desarrollo, vi cómo la pobreza de información en sus muchas formas ha llevado a la planificación y gestión de políticas sin hechos, empresas desconectadas, mercados ineficientes, pobre prestación de servicios, falta de poder, corrupción y más. La actual revolución de las TIC se ha ignorado durante mucho tiempo en el pensamiento y la práctica del desarrollo. Los profesionales del desarrollo y los especialistas en TIC siguen desconectados. Estudié las experiencias de los países que persiguen la transformación digital, y capturé lecciones clave en varios libros.

La transformación digital no es una solución tecnológica fija, un plan maestro, un acontecimiento puntual o una estrategia única. Más bien, se trata de un proceso de aprendizaje social, sostenido en el tiempo, con la participación de diversos interesados directos. Su objetivo último es aprovechar la revolución digital mundial para responder a las prioridades socioeconómicas específicas de un país. Este proceso es una maratón, no un sprint. Está impulsado por la visión, el liderazgo, la innovación, el aprendizaje y las asociaciones entre el gobierno, las empresas y la sociedad civil.

Principales retos de la transformación digital

1. Las tecnologías digitales son altamente interdependientes y constituyen un ecosistema dinámico que incluye: infraestructura de comunicaciones, plataformas digitales, competencias en economía digital, servicios locales de TIC e industrias de contenidos, transformación de servicios para todos los sectores, políticas cibernéticas y liderazgo en el sector de las TIC e instituciones reguladoras. Maximizar los dividendos digitales requiere nutrir este ecosistema digital y aprovechar sus sinergias a nivel nacional, local y sectorial.

2. Liderazgo y capacidad institucional del sector TIC para planificar e implementar estrategias de transformación digital. Estas capacidades son cada vez más importantes para generar una visión compartida, movilizar el compromiso a largo plazo, integrar las oportunidades e inversiones en TIC en las estrategias de desarrollo, alinear políticas complementarias relativas a la competencia y las aptitudes y establecer asociaciones con la sociedad civil y el sector privado.

3. La transformación digital requiere una inversión sustancial en capacidades organizativas, innovación de procesos y aprendizaje institucional. Las mejores prácticas sugieren que cada dólar invertido en TIC debe ir acompañado de una inversión de 4 ó 5 dólares en mejora de procesos, capacitación, gestión del cambio, etc.